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La denominación
de pastor belga engloba realmente a cuatro razas que poseen en común
los elementos básicos que define su Standard, pese a que entre
si se diferencien por el manto, características del pelo, color
y condiciones psíquicas.
Estas cuatro razas, Groenendael,
Tervueren, Malinois y Laekenois, están recogidas tanto en el seno
de la F.C.I. como por el Kennel Club inglés, si bien éste
ha tardado muchos años en reconocer al Laekenois. Contrariamente,
el American Kennel
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Club solamente reconoce
a tres razas de pastor belga: Groenendael, Tervueren y Malinois.
Y esta falta de unanimidad
de criterios respecto al pastor belga se prolonga también a los
orígenes de la raza, pues así como para la mayor parte de
los cinofilos no hay duda en cuanto al origen de las tres familias más
numerosas, muy pocos se ponen de acuerdo para definir los orígenes
y evolución del Laekenois, sin lugar a dudas a causa de la rareza
de esta familia, hecho que se constata por su escasa representación
en las exposiciones.
Siguiendo el orden habitual de clasificación por razas, se hace
evidentes las diferencias sustanciales que hay entre los pastores belgas
y los pastores germanos. Diferencias, sobre todo, referidas a la distinta
manera de tratar a una y otra raza, y que viene determinada principalmente
por los respectivos sistemas de selección de ambas razas.
Al desarrollar la historia y los orígenes de los pastores belgas
en sus cuatro variedades, surge de inmediato un interrogante. ¿Cómo
puede haberse dividido una raza en cuatro colores, con diversidad de pelajes,
manteniéndose en cambio unas características morfológicas
inalterables?. Quizás la respuesta haya que buscarla en las leyes
de la genética, pues a través de los vectores dominantes
de esta raza vemos como la osamenta, la talla y el aspecto psicológico
de este perro, efectivamente, corresponde a un tipo único.
Contrariamente no podemos suscribir la idea de que en la diversidad de
mantos hayan intervenido influencias ecológicas, ya que para que
se diera esta circunstancia, deberían haber transcurrido varios
siglos, con una distancia geográfica y climática considerable,
y, lo que es aún más importante, que no se hubiera producido
la menor intervención de la mano del hombre.
De no haber sido, en cambio, por la intervención del señor
Reul, director de la Escuela Veterinaria de Cureghem, la situación
de estas cuatro razas sería hoy día muy distinta. La selección
de la raza fue llevada a cabo en aquella facultad veterinaria y, justamente
en 1880, es cuando se pudo considerar que intervino la mano del hombre
en los propósitos de selección de una raza que, de hecho,
existía desde muy antiguo pero no poseía ni Standard propio
ni la homogeneidad suficiente como para que se pudieran diferenciar sus
variedades. Diecisiete años duraron las tareas previas al reconocimiento
por la Unión Royale Cynologique Saint Hubert y, en 1897, fueron
aprobados sus standards oficiales. Más de medio siglo después,
en 1959, los Estados Unidos de América reconocían a través
del Kennel Club a la raza del pastor belga, con excepción del Laekenois.
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