Historias y Anécdotas
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Abuelo de familia: es el título
que he elegido para contaros la historia de una de mis primeras ninfas
(El Cojo), que tras un accidente perdió una pata desde el codo
y hace unos días me sorprendió ver
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Esta historia es "Como la Vida Misma", porque en la época en la que vivimos, en muchas familias los abuelos entran a formar parte de ellas de nuevo por la simple razón de los nietos, ya que por motivos de trabajo de los padres, los hijos deben quedarse con sus abuelos ante la imposibilidad, por diversas razones, de poder dejarlos en una guardería o pagar a una persona para que se los cuide. Creo que esta historia va dedicada a
los abuelos en general, pero sobre todo a mi madre, que seguro que cuando
tenga a mis hijos tendrá la pobre que quedarse con ellos por
las mañanas. Al menos ir a recogerlo al colegio. Y no es que
la importe, pues ya me dice que estoy tardando mucho... Je je je. En su primera nidada pusieron 7 huevos y los siete estaban fértiles, y acabaron por nacer todas las crías. El problema fue que por mi inexperiencia no me di cuenta es que había mucha diferencia de tamaño entre las primeras crías y las dos últimas, por lo que las dos pequeñas acabaron siendo aplastadas por las demás. En la segunda nidada pusieron tan sólo cinco huevos pero sacaron adelante a las cinco crías, por lo que de nuevo un 100% de efectividad en la fecundidad. En esta ocasión no hubo problemas con los tamaños de las crías y todas llegaron a la edad de salir del nido. Todavía me llama gente a las que mandé crías de estas dos nidadas y me dicen que el porcentaje de fecundidad y nacimientos con esos ejemplares es muy alto, por lo que algo deben llevar en los genes. Mi problema con el macho llegó un día en el que me lo encontré enganchado con la anilla (le puse una de acero abierta) en la malla. Aquello me rompió el alma y no pude hacer mas que llorar. Recuerdo allí agachado con el macho en la mano, pensando en si era mejor sacrificarlo o no, que iba a dejar la cría de Ninfas y de aves en general. Creo que todos lo hemos pensado alguna vez cuando las cosas nos han llegado "torcidas". Este macho se había destrozado toda la pata izquierda, y al final acabó por perderla, a la altura del "codo". Cuando logré recuperarlo, pude comprobar que no iba a servir para criar. En primer lugar no podía sujetarse encima de la hembra, y luego no podía bajar al nido cuando éste era vertical. Por eso, con todo el dolor del mundo, tuve que separar a la pareja que tan bien "se entendía", y puse al macho en una pajarera a solas junto a una hembra con la que nunca había sacado nada. Al menos ambos se harían compañía, y si era posible les podría utilizar de padres adoptivos, pues les coloqué un nido en horizontal y así el macho sí podía entrar en él. De las crías que habían tenido me fui deshaciendo de ellas poco a poco, pero un buen día tuve otra desagradable experiencia con la malla y las anillas. Una de sus crías, un macho Carablanca Manchado / Perlado Ino, también acabó por engancharse y perdió los dedos de la pata derecha. Fue otro "palo" tremendo y no me quedó otra posibilidad que quedarme con esta cría. Nadie iba a querer quedarse con una Ninfa al que le faltaban los dedos de una mano. Pero ahora pienso que ha sido una suerte el que siguiera en mi casa, pues al contrario que con el padre (El Cojo), al hijo (El Dedos) le puse con una hembra con la intención de comprobar si podía criar, puesto que a pesar de faltarle los dedos de una pata él seguía andando y pensé que también podría sostenerse encima de la hembra. Cual fue mi sorpresa cuando un día encuentro dos crías en el nido que tenía junto a su hembra. Había comprobado que el macho valía para criar y que su efectividad era también muy alta. Por eso, decidí ponerle una hembra adecuada a sus genes. Y le conseguí una hembra Blanca. Y cosas de la casualidad, a esta hembra le faltaba la mitad de un dedo de una pata y la totalidad del dedo pequeño en la otra. Pero el resultado fue que sacaron adelante crías y también con un buen porcentaje de nacimientos. Entonces ocurrió que la hembra con la que tenía a "El Cojo", se murió, y para que no estuviera a solas decidí meterlo en la pajarera en donde tenía, entre otras parejas, a la de su hijo "El Dedos" con la hembra Blanca. La sorpresa fue mayúscula cuando una buena tarde le vi salir del nido de su hijo. Pensé que se había metido él solo y que podría estar molestando a la pareja y evitando que entraran a incubar los huevos que la pareja ya tenía. Pero cual fue mi sorpresa cuando miré en el nido para ver si encontraba algún huevo roto y me encontré a "El Dedos", su hijo, incubando. Estaba allí, y empecé a pensar que el padre estaba ayudando al hijo a incubar los huevos de la pareja, dejando a la hembra que lo hiciera por la noche. He seguido observando a este trío y "El Cojo" sigue entrando en el nido de su hijo, conjuntamente con él. Poco tiempo les quedan para que salgan crías de los huevos, y entonces podré comprobar si efectivamente "El Abuelo" (creo que será mejor nombre) ayuda a alimentar y cuidar a sus nietos. Si todo va bien y "El Abuelo" ayuda a su hijo con el mantenimiento de la nidada, tendré que empezar a pensar en esta pareja como un trío. Gonzalo |
![]() "El Cojo" con su pareja Albina antes del accidente |
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![]() "El Dedos" |
![]() A la izquierda "El Cojo" A la derecha su hijo "El Dedos" |
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