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Historias y Anécdotas

La historia de dos verderones: Cuando los encontré tendrían unas 2 semanas, se encontraban casi totalmente emplumados, pero no volaban y debido al viento y al frío que hizo
ese día estaban mojados y con mucho frío.
(Gema, 13-02-2005)


Aquí os envío más fotografías sobre todo de la evolución de los verderones, calculó que cuando les encontré tendrían unas 2 semanas, se encontraban casi totalmente emplumados, pero no volaban y debido al viento y al frío que hizo ese día estaban mojados y con mucho frío. Rápidamente les trasladé a casa, aunque antes me pasé por la frutería a pedirles paja de la que usan para presentar sus productos, y cuando llegué les sequé con el secador y les puse en un barreño al lado del radiador. Fui a la farmacia a comprar unos potitos para bebes de cereales sin lactosa, y otros de frutas y los mezclé con sobaos pasiegos, pasé por la farmacia a comprar jeringuillas y suero oral (un suero fisiológico que contiene todas las sales y minerales necesarias, aunque es para humanos se puede usar perfectamente) y con todo el equipo preparado volví a casa.

El proceso de engorde de unos polluelos es extremadamente complicado, generalmente el primer día se niegan a comer, porque están asustados y no saben donde se encuentran, ni con quien. Por mi experiencia y he criado ya muchos, lo primero que hay que hacer es hablarles, mucha gente pensará que estoy como un cencerro, ahora bien, cuantas veces hemos oído a gente que posee como mascota un perro o un gato, considerando como premisa absurda que el tamaño está unido a la inteligencia de las especies, un comentario como: " es que a veces mi perro/gato me mira y parece que me entiende". Yo he escuchado esta afirmación muchísimas veces, y creo en ella firmemente. He criado desde hace unos cuatro años a unas 20 aves todas de especies distintas, y ni una sola de ellas ha comenzado a comer de una cosa tan extraña como una jeringuilla hasta que no les he hablado largo rato, les he explicado porque están ahí y que tan sólo es algo transitorio. Mi marido ya está acostumbrado a este tipo de "excentricidades" mías - pensará más de uno, que me falta un tornillo, ahora bien. ¿Tan corto es nuestro entendimiento que somos incapaces de creer que los animales se comuniquen entre sí y que a la larga comiencen a entender nuestro idioma humano? Yo no lo creo así.

Digamos que cuando uno viaja a un país, la mejor manera de comenzar a aprender un idioma distinto, siempre se ha dicho que es por "inmersión total" en el mismo, es decir no tener ningún tipo de contacto con nuestro idioma natal, escuchar el nuevo, asimilar y lanzarse a hablarlo. Considerando que nuestras "mascotas" se hayan forzosamente en "inmersión total" con nuestro mundo y nuestro idioma, ¿no podrían llegar a entender lo que se les dice? Yo he usado este tipo de comunicación humano con mis aves y siempre ha funcionado, pero siempre lo he mezclado tratando de imitar sus trinos, su forma de "hablar" y nuestra garganta si que está equipada con los instrumentos necesarios para imitar muchos de sus cantos.

Los paseriformes (como los gorriones, diamantes mandarines, amandavas subfalvas,...), los galliformes (las gallinas, los faisanes), los Columbiformes (las palomas, tórtolas,..), los troquiliformes (los colibríes,...) no tienen la garganta adaptada para emitir los sonidos humanos, pero si que la tienen los psitácidos (los loros, cacatúas, ninfas,...) y ellos cuando les enseñamos hablan nuestro idioma, lo cual según mi modesta teoría significa que las demás especies podrían no hablar, porque sencillamente no pueden hacerlo debido a limitaciones físicas, lo cual no quiere decir que no estén capacitados para entendernos y asociar lo que se les dice. Y se podría ir aún más allá yo creo que entre los seres vivos existe un tipo de conexión que va más allá de los idiomas y las palabras. Existen las miradas, todo lo que absorbe nuestra vista, los tonos en el que decimos las cosas. Simplemente el hablar suave a nuestra ave provocará una sensación de tranquilidad en ella, y ni ella misma sabrá porque ni nosotros tampoco.

Así que continuando con mi historia sobre los dos verderones, una vez superado el tema de la comunicación, pasamos al siguiente nivel que fue enseñarles a comer de una jeringuilla, claro que no fue muy difícil y la verdad es que con lo bien que olía la mezcla de comida, el instinto y el hambre hicieron el resto. Les alimenté durante más o menos dos meses por este sistema, aunque al final del primer mes les iba dejando semillas y restos de comida en el improvisado nido, con la que al principio jugaban, pero que muy rápido pasaron a comer.

El proceso de engorde de un polluelo es muy delicado, ante todo hay que hacerlo cada dos o tres horas, aunque ellos con sus trinos rápidamente indicaban cuando era la hora de volver a comer, lo peor era la toma de las seis de la mañana, hora en la que ya empezaban a llamarme, aunque, como si supieran que estaba durmiendo lo hacían muy suave, y muy bajito, aunque una vez que me veían aparecer o escuchaban cualquier sonido sus trinos se convertían en una verdadera fiesta, tras esa toma volvían a quedarse dormidos dos horas más o menos y después volvían a llamar. Mientras tanto había que esterilizar las jeringuillas con agua hirviendo y tirar la vieja mezcla y hacer otra nueva calentándola unos 30 grados para volver a darles de comer. Tras estos dos meses "extras" ya que el destete con su madre biológica se habría producido mucho más pronto sin duda, pasé a comprarles semillas de mijo en mazorca, disponibles en casi todas las tiendas de animales un poco más especializadas y como ya volaban por todas partes tras las clases de aerodinámica que les di mientras me miraban asombrados de que yo agitara las manos incitándoles a estrenar sus alitas y supongo que sin comprender del todo que pese a mis esfuerzos yo no despegara los pies del suelo y ellos si, les fui dejando en las plantas de casa cogidas por pinzas las semillas, para que fueran comiendo ellos solos ya sin mi ayuda. En ese momento dejaron de seguirme por todas partes y de posarse encima de mí, ya que no me necesitaban para comer.

Hasta ese momento yo era su percha preferida, creo que se aficionaron a la televisión y por las noches nos encantaba salir al jardín a ensayar los trinos o a subirse encima de mi cabeza y quedarse dormidos cosa que les encantaba hacer. Yo les enseñe a bañarse con el césped mojado y a atusarse las plumas ya que luego se quedaban hechos una pena, con todas ellas pegadas y mirándome como diciendo "lo del agua ha estado bien, y ¿ahora que hago?

Sentarse a imitar a las aves a su lado es algo increíble, yo hacía como que me secaba el pelo con ayuda de las manos y restregando mí cabeza contra mí hombro y ellos me miraban y acto seguido hacían lo mismo. En un mes más ya los saqué al jardín y un día decidieron irse, ya había llegado el momento y se marcharon. Siempre me da mucha pena cuando suelto a mis aves después de tantas cosas compartidas, pero es una satisfacción enorme verlos crecer y pensar que van a volar libremente. Siempre las suelto en sitios donde hay otras aves de su especie, y antes de ello hay que leer y documentarse sobre el sitio más idóneo para hacerlo, que normalmente es donde se les ha encontrado. Yo vivo en Pinto y aquí hay un montón de bandadas de verderones, ya que todavía podemos disfrutar de algo de campo alrededor, lo cual es imposible en la ciudad.

En fin estos han sido los últimos inquilinos en mi casa, supongo que hasta la primavera en la que volveré a encontrarme alguno más, y puede que mientras tanto vuelvan al jardín de mi casa donde crecieron, si es así os mandaré fotos de ellos.

Un saludo y espero que sigamos en contacto.

Gema


   

 




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